Cuando tenía ocho años le pidió dinero a sus padres y se compró su primer disco. Entre viajes y mudanzas vivió en varios países y, además del español, aprendió a hablar inglés, francés y alemán. Creció escuchando radio en varios idiomas y se metió en la música desde niña.

Se hizo amante del pop de los ochenta. Se hizo novia del rock en los noventa. O viceversa. Supo que para cantar como mujer hacía falta más que una guitarra acústica, un sombrerito y un vestido rosa. Por eso adoptó el negro. Se hizo mujer y compositora. También productora y cantante. Se desplazó y ahora vive en México DF, donde está promocionando su nueva producción discográfica.

Ich bin Andrea

Andrea Lacoste —imponente y bella, brazos al aire y lengua afuera—, es plácida e introspectiva, pero se sabe divertir. Tiene una voz dulce y construye sonoridades repletas de texturas que se pasean por géneros que van del pop industrial hasta ritmos electrónicos. Así es su nuevo disco “En la boca del”. Uno para viajar. Pérdida, memoria, apatía, adicciones, entre otros, los temas de sus canciones tienen que ver con las personas que mira, conoce y contempla, aquellas que convierten el amor en otra cosa: «Quiero que la gente se transporte a otros espacios mientras piensa o reflexiona. Mis letras son variadas, no siempre son de amor, pero siempre busco que nos toquen de alguna forma. Que nos den impulso o energía, que nos generen melancolía», dice Andrea.

 

Ella escribe y compone sus temas con la guitarra, el teclado y el cuatro. Y además de interpretarlos, los produce: programa baterías, teclados-sintetizadores, bajos y sonidos de relleno. Recientemente terminó un curso de producción musical en el SAE Institute de México, con el que reforzó sus conocimientos.  Esta chica inició su carrera musical el año 2010 y en 2013 lanzó su primer disco: Suele pasar. Y pasó y pasó bien. Sus sencillos Minicuento y En mis paredes se posicionaron en emisoras nacionales, y sus videos tuvieron proyección internacional.

Luego de su EP Tierra de Eterno Verano (2016), un trabajo excepcional de cuatro canciones en las que utilizó elementos de la música tradicional venezolana, vuelve con este nuevo proyecto, cargado de esas referencias que la acompañaron en su infancia: atmósferas electrónicas y acústicas, sonidos industriales o alternativos, rock, pop y psicodelia, pero siempre con su voz cantante. La dulce. La de cuero. La del contraste.